*Narrado por Eric*
Ximena se había ido, dejándome solo junto a una Agatha que parecía estar feliz de verme. Yo empezaba a sospechar de ella, mucho más con la confesión de Dante, pero tenía que asegurarme antes de llegar a conclusiones apresuradas.
La mujer se sentó frente a mí, con el escritorio de por medio. Sus ojos estaban brillosos y una curva victoriosa se formaba en sus labios.
Ya decía yo que se me hacía familiar, por muy cambiada que estuviera...
Tenían la misma sonrisa.
—Agatha, ¿sabes