El comedor de los Hartmann era inmenso, la amplia mesa estaba repleta de distintos platillos que a mi parecer todo se veían exquisitos. Me serví un buen pedazo de filete con una salsa oscura que de tan solo verla hizo que relamiera mis labios. Agregué ensalada, puré y estuve tentada a agarrar otro filete, pero la pesada mirada de Asthon sobre mí me hizo sentir avergonzada.
¡Dios! Pensará que soy una completa Glotona.
Centré mi vista al plato y me dediqué a co