¡Rastréame ahora, Perro mentiroso!
En el portón principal hicimos lo mismo, nos dejaron pasar, el miedo que sentía fue disminuyendo a medida que avanzamos a nuestro destino.
1 hora después nos detenemos en una casa elegante, pero se mezcla bien con las demás, nada que llame la atención. Apenas estamos bajando, se abre la puerta, sale Gabriel, más guapo que nunca.
Pero mi cabeza no está para eso, tengo el corazón herido y estoy muy destrozada.
—¡Principessa, me has hecho mucha falta!, ven aquí—