Taylor suspiró, como quien tira de la cuerda de un pozo.
— Estaba borracha. La cachaça de tu madre es un atentado contra el orden público.
— Ya le transmitiré el elogio —dijo Maurício, orgulloso.
— Catarina armó aquel caos, tú la cargaste en brazos y la llevaste a la habitación. Yo me quedé apagando la chimenea y recogiendo las cosas. Lila se quedó en el sofá... casi dormida. La llevé al cuarto de Catarina. Me llamó ogro... atractivo.
— ¿Ogro atractivo?
— Sí.
— ¿Y...?
— Y me pidió que me acosta