El arroyo serpenteaba suavemente por el paisaje, como una cinta de plata líquida deslizándose entre piedras cubiertas de musgo y raíces retorcidas que sobresalían de las orillas. La vegetación densa alrededor creaba un abrazo natural, protegiendo aquel pequeño paraíso del resto del mundo. Las hojas se mecían perezosamente al roce de la brisa, y la luz del atardecer se filtraba entre los árboles, pintando el escenario con pinceladas de dorado, naranja intenso y lila. Era como si alguien hubiera