El camino de regreso a la hacienda transcurrió en silencio, pero aquel silencio no era paz. Era un campo minado, cargado de tensión, respiraciones aceleradas y pensamientos peligrosos. Lila todavía sentía los dedos de Taylor en su cintura, firmes, posesivos, ardiendo sobre su piel. Diablo avanzaba tranquilo, pero cada balanceo del caballo hacía que ambos se rozaran más de lo que deberían.
Cuando la cerca principal de la hacienda apareció en el horizonte, Taylor murmuró en voz baja, con aquel to