De repente, las puertas de urgencias se abrieron.
Tiesto sintió como si un hombre ahogándose finalmente hubiera logrado respirar. El pecho le dolía al comprender una sola cosa: su esposa estaba a salvo.
—Doctor, ¿cómo está mi esposa? —preguntó con voz ronca y áspera mientras sujetaba al médico por los hombros.
—Felicidades… Ella está embarazada —anunció el doctor.
Tiesto quiso seguir preguntando, pero Henry ya estaba apartándole las manos con calma.
—Primero suelta al doctor —dijo serenamente.