Si la señora Darla no la hubiera estado presionando con tanta urgencia, Christine jamás habría ido a pedirle dinero prestado a Jada.
Pero parecía que la mujer ya le había tomado gusto.
Cada vez que necesitaba dinero, aparecía inmediatamente frente a Christine.
Y cada pocos días volvía a pedir sumas enormes.
Cantidades de siete cifras.
El dinero que Christine tenía disponible se había agotado hacía mucho tiempo.
Ya había pedido prestado a cualquiera que pudiera ayudarla.
La tarjeta de presentaci