—¡Jazmín! —gritó Sara con emoción.
La mujer la envolvió en sus brazos, ambas lloraron, se besaron, se separaron para mirarse y se volvieron a abrazar para llorar de nuevo.
—¡Oh, Sara!, no sabes cuánto te he extrañado —dijo su prima—. Cuando Khaliq me contó que estabas en Londres, que habías llegado como refugiada y que tenías un hijo de Rashad, quise zarandearte. ¿Por qué no me buscaste? Sabías que estaría muy angustiada sin saber nada de ti, ¡te habría ayudado!
—Pasaron muchas cosas. Ven, va