El punto de vista de Ivar
Entré en mi oficina con dolor de cabeza, sintiéndome muy agotado. La puerta se abrió y Kon entró. Estaba un poco pálido.
—¿Tampoco has podido dormir? —preguntó con voz ronca.
—No, y gracias a sus palabras. —respondí, y luego me senté detrás de mi escritorio y cerré los ojos.
Sus palabras volvieron a sonar en mi cabeza.
«Realmente quiero rechazarte y vivir mi vida. Pero desgraciadamente no puedo, ustedes son lo que quiero.»
—Se siente realmente bien el que no nos haya r