—Lo acepto —respondió Verónica, moviendo el papel haciendo que temblara mientras lo movía.
—Sabía que eras de esas mujeres. No me equivoqué —Magnolia creía que había sido fácil deshacerse de ella.
—No, no te equivocaste. Lo tomaré y gastaré, me lo merezco —dijo Verónica con ironía. Luego abrió la puerta del automóvil, se bajó y levantó la mano que traía el papel—. A William le va a gustar el vino que compraré con este dinero.
Dejó a Magnolia con la boca abierta, que por un tiempo se quedó conge