Al ver que la esposa se ha puesto nerviosa, el marido la abrazó.
—No te preocupes, mi amor. Lo han vuelto a capturar y esta vez le han puesto doble seguridad, así me lo hizo saber el oficial.
Karely lamentó haberlo juzgado mal, creyendo que era con la amante que hablaba.
—Pequeña, déjame decirte que ese pijama no te queda nada bien. Será mejor que lo cambies.
—¿Ah? —cuestionó confundida, preguntándose qué de malo tiene y desde cuándo él le reclama por algo.
—Te queda perfecta. Pero tu piel luce