Riana recorría las esquinas, sorprendida al ver a la gente saliendo del gueto como si el mundo estuviera a punto de acabarse.
Cuando llegó al condominio, este estaba medio vacío.
“¿Qué está pasando?” murmuró y se dirigió al apartamento de Raul.
“¡Raul!” llamó y entró en la sala, donde vio todas sus pinturas terminadas empacadas en cajas de mudanza.
Corrió inmediatamente al dormitorio y allí lo encontró doblando su ropa. Él levantó la vista, sorprendido de verla.
“Riana”, la llamó mientras ell