Frank sintió que toda la sangre en sus venas se congelaba ante la mirada de Cataleya que se volvió más oscura.
Ella soltó todo lo que tenía en las manos, sin importarse con manchar la carísima alfombra persa, y encaró a Frank con la indignación reflejada en sus ojos.
-¿Qué clase de hombre sería usted, señor Mattson, de haberle hecho un hijo a una mujer y ni siquiera acordarse de ella?-cuestionó Cataleya viendo como Frank tragaba en seco.-Yo le diré qué tipo de hombre sería usted en ese caso.