Finalmente los hombres de seguridad sacaron a Juan Miguel del salón y yo lo seguí. Lo soltaron en la calle y en este momento estoy conduciendo hacía el gimnasio el me pidió que lo lleve.
Araceli intento seguirlo pero él me pidió que conduzca.No formulé ninguna palabra en todo el camino.
Cuando entramos encendí las luces y metí mi carro en el garage.
—¿Estas seguro que no quieres ir a tu casa o a la mía?
Él niega con la cabeza y contiene sus lágrimas—.Quiero estar solo, Maia.
—No te dejaré.
Me ac