Tras eso se hizo una pausa para que todos los adultos fueran atendidos y ayudados, a la vez que el almuerzo se servía.
- Ángelo sácame de esta porquería – exigió Romeo, a quien lo habían sentado en una silla de ruedas, ya que al querer moverse sus piernas temblaron un poco.
- Te quejas demasiado anciano – bromeo Dimitri, quien igual era llevado en su silla.
- Suegrito, venga que le tocan sus medicinas – dijo Antonella.
- ¡Me niego!
- Papá, sabes que es por tu salud – indico Camilo.
- Jeje ven a