El día de la boda llegó más rápido de lo que imaginé, cuando me vi frente al espejo, apenas pude reconocerme. El vestido blanco, el cabello cuidadosamente arreglado y aquella sonrisa que no podía ocultar, me hicieron sentir como si estuviera viendo a otra mujer, una mujer feliz.
Detrás de mí estaba Jane, hermosa, radiante y feliz y embarazada, las dos nos miramos a través del espejo y sin necesidad de decir nada comenzamos a llorar.
—Mamá te ves hermosa —susurró entre lágrimas… sonreí y tomé