Fuego...
Amelia Punto de Vista
Estaba soñando o alucinando, porque el beso de Albert era demasiado bueno para ser verdad. Aun así, iba a aceptarlo. Real o no, era fantástico.
Enrosqué los dedos en su camisa y lo abracé mientras separaba los labios y lo invitaba a entrar. Él no dudó. Su lengua se deslizó dentro de mi boca, caliente, húmeda, deliciosa. Gemí, queriendo acercarme, queriendo tener más. Estaba dispuesta a desnudarme y entregarme a él a la luz de la luna toscana. Su mano bajó por mi espalda y