En algún punto del sexo, cambiamos de posición. Tenía la cabeza en los cielos, más allá de mi control y cualquier remordimiento. El alcohol inundaba mi sangre, y todo lo que hacía estaba fuera de mi control.
Empujándolo del pecho, lo hice sentarse sobre la silla, solo para colocarme a horcajadas sobre sus piernas. Le aparté algunos cabellos del bronceado rostro, mientras nos mirábamos con los labios entreabiertos.
Sonreí como una tonta.
—¿Lo he sorprendido de nuevo, mi señor?
Acaricié su ma