Esa misma noche, después de concluir la subasta, fui arrastrada hasta una pequeña habitación. Donde una chica me sacó el vestido con rapidez, para después pasarme un extraño conjunto de encaje.
Miré los diminutos trozos de tela en mis manos. Luego alcé la mirada.
—¿Qué...?
Ella me colocó un bata negra encima, y con un gesto impaciente, abrió la puerta.
—Póntelo. El comprador te espera. Apresúrate o te arrepentirás.
Cuando salió, yo me senté sobre una silla y miré el conjunto. Enrojecí.