Capítulo 70
El aire frío golpeaba mi rostro mientras el carruaje avanzaba hacia la manada de Oro. Diego iba en silencio a mi lado, como si las palabras sobraran entre nosotros. Pero entonces, inesperadamente, rompió el silencio.
—Cásate conmigo, Mila.
Giré la cabeza hacia él, atónita. Había muchas cosas que esperaba de Diego, pero no una propuesta de matrimonio en medio de todo este caos.
—¿Qué? —pregunté, sin poder ocultar mi confusión.
—Lo digo en serio —respondió, tomando mi mano con