21. UN NUEVO DÍA CON MIS HIJAS
Despierto al son de mi música preferida. Un suave estiramiento me ayuda a sacudir la letargia. Mi mente todavía se siente embotada por el sueño, pero un repentino recordatorio me hace saltar de la cama y correr hacia el baño. No tengo que ir al trabajo hasta más tarde hoy. Vuelvo a la habitación y agarro mi teléfono, marcando el número de Robin.
—Hola, Ema, ya estoy llegando a tu casa para recogerte —responde él.
—Buenos días, Robin —lo saludo, intentando sonar despreocupada—. Te llamaba para a