69. VIRGINIA Y ALICE
ALICE.
Ambas miramos a través del cristal, el rostro sonriente y tranquilo de Paris, de verdad era asombrosa la capacidad de esa mujer de mantenerse fresca y radiante ante tal situación.
—Esta mal de la cabeza —le dije a Virginia que no paraba de acariciar delicadamente su panza más notoria que la mía
—Mucho, pero no voy a dejar que la procesen por eso, tiene que pagar como la criminal que es.
—Virginia, la quiero en el calabozo más profundo de la tierra.
—Así será.
Los abogados de Paris