Daniella dijo con voz fría: — «Me llevo tu coche. Suéltame».
Grayson le dirigió una mirada profunda y oscura antes de soltar su mano.
Daniella inmediatamente se alejó unos pasos de él, su rostro tan frío como si estuviera sumergido en hielo.
Grayson la miró y luego desvió la mirada con calma.
El ascensor se detuvo pronto. Al abrirse las puertas, Daniella salió.
Un Bentley negro estaba estacionado frente al edificio. El conductor la vio y gritó: — «Señora».
Daniella lo ignoró por completo, abrió