Caroline retrocede un paso, el grito furioso de Lisandro la aterroriza, y más al ver el sufrimiento de Berenice, en cómo acaricia su mejilla y solloza con sus manos temblorosas. —Hijo, qué bueno que llegas—, corre a los brazos de Lisandro como si Caroline fuera una criminal que le fuera a hacer más daño.
—¡Esa mujer es una salvaje!—, bufó con voz nerviosa.
—¿Quién te crees para lastimar a mi madre?—, pregunta Lisandro, mirándola con desdén.
—Las cosas no son así, ella también me golpeó—, Caroli