C28: SI NO FUERA POR TU SANGRE.
La sirvienta la miró con desdén.
—No tengo idea de qué estás hablando —respondió—. ¿Cómo te atreves a insinuar cosas sobre mis compañeras? Todas aquí trabajamos hasta el agotamiento, y tú te inventas esas historias.
—Lo que digo no son mentiras —declaró Asiget—. Ayer, una de tus compañeras me aventó la comida encima, y sé que no fue un accidente...
—Ni siquiera deberíamos estar trayéndote comida. Si fueras capaz de valerte por ti misma, irías al comedor y harías las cosas por tu cuenta. Pero aq