El carruaje llega, y los guardias se apostan para garantizar la seguridad de los reyes y la princesa, la nodriza se acerca y Cecilia entrega a su niña, y se acomoda en la entrada de la catedral, el coro empieza a sonar y el órgano eclesiástico empieza a entonar sus melodías, el alférez real se acerca y hace una reverencia a los monarcas…
-Todo está dispuesto su majestad…
-Perfecto, Cecilia yo entraré primero…
-Entiendo Alfonso…
Y así con el porte y elegancia que un hombre como Alfonso Belmonte