CAPÍTULO 84. Nuestro escondiste
Sofía:
Recuperada de la memoria, desperté ese domingo en la mañana, sintiendo que algo o alguien me tenía encerrada. Al abrir bien los ojos, sonreí al darme cuenta de que Rafael, me tenía abrazada, dejando a los trillizos del otro lado de la cama, mientras nosotros ocupábamos un pequeño espacio.
—¿Te desperté? —me susurró él, al oído, para no despertar a nuestros hijos, quienes dormían plácidamente.
—No mi amor, solo que me sentía encerrada, asfixiada, como si me faltara el aire. Desde que me