Elisa se arrodilló a mi lado y me acarició suavemente la cara con las manos. Odiaba que tuviera que verme así.
—¿Mamá, estás bien? —susurró, con lágrimas en los ojos al instante.
—Estoy bien —dije con dificultad, solo porque no quería que se preocupara.
—Pero no te ves bien. ¿Quieres que pida ayuda? —preguntó, y negué con la cabeza.
—¿Te hicieron algo estas dos malas personas? —En el momento en que preguntó eso, levanté la cabeza y vi a Silver y a Elian con aspecto molesto.
—¿Tu madre no te ens