Celine:
—¿Nunca podremos volver a salir a jugar, mami? —preguntaron mis hijas.
Su atención se desvió del almuerzo hacia la tormenta.
Los fuertes golpes de los objetos lanzados por el viento contra las paredes de la mansión los hicieron estremecer y levantar los hombros.
Estaba tan oscuro afuera que parecía de noche.
A todos los guerreros se les había aconsejado permanecer en la parte trasera de la mansión.
Esa área era un pasillo estrecho lleno de habitaciones de guardias y sirvientes.
—Por sup