VICTORIA
Al ver a Morgana tirada en el piso, mi corazón se detiene. Maximiliano la golpeó y ella yace inmóvil. Pero cuando Zarco se interpuso y lo detuvo, sé que el peligro ha pasado. Me acerco a Morgana y la veo, pálida y herida, pero viva.
Y entonces, sin pensar, me abrazo a Zarco. Me aferró a él con desesperación, con alivio y gratitud. Me siento segura en sus brazos, como si nada malo pudiera pasarme mientras esté aquí. Su abrazo es como un escudo que me protege de todo el dolor y la triste