Con la ayuda del sastre de la hacienda, me tomó casi una hora ponerme el vestido de novia.
Cuando por fin me pude ver en el espejo, vi una versión de mí misma, familiar y extraña a la vez, y mis párpados enseguida se humedecieron por un momento.
Este vestido de novia era tan precioso, igual al de mis sueños.
Pero… el novio de mis sueños ya no estaba, y en su lugar estaba el alfa, Mateo, pálido e inexpresivo.
— Te ves tan encantadora —La voz varonil y magnética de Mateo vino desde atrás. Caminó m