18. Mía
La sonrisa de Nika y el leve rubor que apareció en su rostro al escuchar mis palabras fueron un regalo que me revitalizó por completo. Era cautivadora. Tan increíblemente bella que deseaba poder llevarla conmigo a todos lados, protegerla de cualquier peligro que se atreviera a acercarse.
—Ahora tienes que entrar en mí —declaró, esbozando una sonrisa como si fuera lo más natural del mundo. Pero no lo era. Al menos no para mí. ¿Qué se suponía que debía hacer a continuación?
—Nika...—tragué saliv