New York

Tiempo después, Cristopher: Aún no lo puedo creer, mi pequeña, mi niña, mi vida. Juro que me las pagarán. Siento como mis garras van saliendo al escuchar lo que la luna Liliana le decía a Ricardo.

-Al principio estábamos felices, mi pequeña Celeste. Celeste, su madre quería que la llamáramos así. Fue tan valiente. Lágrimas salían. Nuestra pequeña era la sirvienta de la casa de los alfas Lunadeplata. Estaba ahí, siempre estuvo ahí. Nos dijo que ella es bondadosa y amable, ella y su nana. La cuid
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