Enfrentar a los padres de Yen, después de lo que paso entre nosotros no era fácil. Nunca había estado tan nervioso, mi estómago se había tranquilizado un poco después del desayuno y las pastillas me estaban ayudando con la reseca que traíamos.
Me asegure que ella se viera lo mejor posible, las dos horas se convirtieron en cuatro o seis horas, la verdad eso era lo de menos. Al principio ninguno de los dos quería moverse del departamento, pero el hambre no, nos dio tregua.
En cuanto llegamos a su