El bikini de Bethany era azul índigo que dejaba poco a la imaginación, con flecos que bailaban de un lado al otro al caminar. Se había bronceado tumbada en la arena hasta notarse sofocada y entonces decidió entrar al mar que se contoneaban al ritmo de las olas.
Ya recordaba cuáles habían sido sus ansias por acudir a esa playa. La veía en folletos y catálogos, deseando verse bajo su incandescente sol mientras rodaba sobre la arena y la cristalizada agua mojaba su piel. Era el Edén en la tierra.