El día de la gran boda fue apremiado con un cielo despejado y un sol no tan sofocante. Una temperatura fresca, algo que no se había visto en Italia desde que había iniciado el verano.
Voslov, de pie frente a la ventana de su mansión, veía las montañas ser bañadas con ese brillo dorado del sol. Sus ojos emanaban tristeza y su actitud era propia de quien guarda luto. Él tenía razones para creer que el día que se avecinaba era menos maravilloso de lo que los demás creían.
-Señor su desayuno está l