Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana de Ciro había transcurrido a mitad de la plaza principal de Florencia, sofocado bajo el intenso calor. Repartió unas improvisadas tarjetas de invitación a los transeúntes que vio pasar. No a cualquiera, sino a los que, según su juicio, presumían de un porte elegante y fino. Serían sus invitados a la boda.
Lo pensó mucho y no podía creer lo idiota que había sido al invitar a sus conocidos, pero que er







