"Dime, ¿qué recogiste de Athena?", preguntó Mera, rompiendo el silencio que sabía que no duraría mucho. Había demasiadas preguntas por nuestra parte, y tanto Isaiah como Mera podían sentir nuestra creciente curiosidad.
Ahora estábamos en la camioneta de color oscuro, tarareando por la carretera en la que una vez nos habíamos parado mientras nos acercábamos a la manada de Isaiah y Mera. El leve olor a cerezas y tabaco flotaba desde la parte delantera del vehículo, donde estaban sentados dos guar