Odiaba esperar. Nunca fue una virtud que aprendiera a perfeccionar, pero en este caso lo hizo. Pero Patrick estaba tardando tanto en hacer un movimiento, cualquier movimiento.
Esperar a que sonara el teléfono o a que llamaran a la puerta era una agonía.
Al final de la segunda semana, Charlotte llegó a la fase de aceptación de su dolor. Por fin aceptó que Patrick no acudiera a ella para rogarle que volviera. Le dolió. Diablos, le dolió más que aquella vez que descubrió que su padre la había entr