El Sr. Moriarty se desplazaba azorado por la sala de estar del penthouse, en donde la joven descansaba placidamente en un sofá de terciopelo.
Hasta que un estruendo lo hizo detener su caminado incesante.
La figura de Adeline yacía sobre la alfombra de polipropileno, adormilada aún por las sustancias ilicitas ingeridas bajo la tutela de Gianluca.
_ ¡Auch!. _ bramó, sujetando la cabeza adolorida.
_ Resiste mi hermosa musa, enseguida traerán tu té de jengibre. _ Con preocupación, Moriarty la volvió