Capítulo sesenta y cinco: asfixiantes momentos.
Luego de 40 minutos conduciendo; llegamos a nuestro destino, una de las tantas casas que el padre de Renata colecciona,
— Vaya Jesua, creo que te pasaste con ese aparato, ha pasado casi una hora y media y este aún sigue noqueado— él se ríe un poco nervioso antes de contestar,
— Ja, ja, ja, me parece que me entusiasme demás.
Renata, que está a su lado, le pega un tate quieto en la cabeza, por no ajustar bien el voltaje eléctrico de la máquina,
— Auch chica, eso dolió— refunfuña,
— ¡Y