Capítulo ochenta y dos: Este huérfano de las calles.
Volvía a casa contento por haber encontrado varias barras de su chocolate favorito, sabía que nuestro bebé tenía fascinación por esta marca y ver su alegría al probarlo me alegraba el día.
Al salir del ascensor inmediatamente escuchó los gritos de Renata, salí corriendo y entre dándole una patada a la puerta. Pude ver a un hombre tirado en el suelo recuperando el aliento y al otro lado de la habitación, mi loquita estaba a punto de rebanarle el cuello a una mujer.
Me dirigí hacia ella, tomán