EMMA
Marina me mira como si hubiera visto un fantasma, niega con la cabeza y sé lo que significa, lo que quiere que haga, pero no comparto la misma opinión. El ambiente es hostil, Julian no se atreve a mirarme, a nadie, solo a su padre, quien parece tener una clase de comunicación silenciosa con él.
—Ahora, lo único que tienes que hacer, es hablar conmigo, decirme dónde está mi hijo Andrew y te dejaré ir —habla el padre de los dos, quien me lanza una mirada cargada de advertencias.
No le creo