91. ¿Por qué no me seduces a mi?
El silencio en la habitación era sofocante. El aroma de ella flotaba en la habitación, olía a rosas y a jazmín por las sales de baño.
Evelyn permanecía de pie junto a la cama, aún empapada, con gotas de agua deslizándose por su piel desnuda. Su corazón latía con una violencia que no podía controlar, y sus ojos se clavaban en Tauriel, que seguía ahí, de pie frente a la puerta, sin moverse.
Pero sus ojos… no estaban vacíos.
Ardían.
—Parece que estás muy dispuesta a seducir a mi beta para huir de