Ashton…
Me detuve fuera de su apartamento y noté que sus luces seguían encendidas. Menos mal que no estaba durmiendo aún.
Subí y toqué su puerta un par de veces. Oí pasos pero nadie abrió e intenté mirar por la mirilla.
“Ashton, ¿qué demonios estás haciendo aquí?”, preguntó Rosa a través de la puerta.
“Vine a hablar contigo. ¿Podrías abrir la puerta, por favor?”.
“No, estoy ocupada. Te veré mañana en la oficina. Ahora si me disculpas”, lo dijo con bastante frialdad.
Supuse que me lo merecí