Willow…
Una hora más tarde, estábamos de camino a la oficina de Adrian. Quería decirle que prefería quedarme en casa, pero sabía que no lo permitiría, así que al final me tragué mi orgullo y fui con él. Sabía que sólo lo hacía para ver si mentía al decir que no me dolía nada.
Cuando llegamos a su bufete, me llevó dentro y, por primera vez desde que empezamos a salir, me puse nerviosa. Todos los empleados nos miraban y yo sabía que iban a hablar. Odiaba ser el centro de atención.
“Buenos días,