Adrian…
Tragando más allá del nudo en mi garganta, me giré para mirar a Willow. Me sentía nervioso y mis palmas estaban llenas de sudor.
“¿Estás lista?”, pregunté con voz calmada, aunque todo dentro de mí gritaba. Mi corazón me decía que la detuviera. Que le rogara que se quedara. Willow asintió, mirando al suelo. Parecía estar luchando consigo misma. Tal vez cambiara de opinión y me dijera que estaba cometiendo un error. La escuché llorar esta mañana y sé que le ha costado mucho dejar a los n