Adrián quiso abrazarme, pero lo aparté. “No, no te atrevas a acercarte. Necesito estar sola. Necesito pensar”. Me levanté y salí del despacho, cerrando la puerta tras de mí. Me dirigí a mi habitación, sintiendo todo lo que había sentido estos últimos años. Pensaba que lo había olvidado todo, pero no; las heridas seguían ahí.
Pasaron unos días y yo ignoraba a Adrian. Quería tiempo para pensar en todo y en cómo podíamos seguir adelante. Una noche, Adrian llegó a casa cuando los niños ya estaban d