La tormenta empeoraba, los fuertes truenos iluminaban el cielo oscuro, Lana se encontraba recostada en la cama, estaba muy preocupada, solo podía mirar por momentos a la ventana pequeña que había en el lugar, llevaba un par de horas sufriendo de las contracciones, su suegro la revisaba de manera constante y su temor se agravo cuando le anuncio que estaba dilatando más.
— Estas en trabajo de parto, Lana — dijo el rubio—, es muy probable que tengas al bebé aquí.
— No quiero tener a mi hija